En primer lugar:

Decidir bien cuándo intervenir. Esto depende de nuestro buen criterio, pero como norma general, conviene preguntarse “¿Qué podría ocurrir si no intervengo?”.

  • Si la conducta disruptiva persiste a pesar de evitarla, conviene hacer una advertencia personal en la clase (firme, breve, privada, relajada, positiva y sin discutir).
  • Cuando la advertencia en clase es ineficaz y la disrución continua, conviene hacer una advertencia personal privada, evitando la gratificación del contexto de la clase. Para ello, se deben argumentar las razones para no tolerar tales conductas, petición de compromiso, responsabilidad ante incumplimiento del compromiso.
  • Reconocimiento del esfuerzo realizado por el/la estudiante, si modifica positivamente, ante su familia y pares.

Es posible enseñar a mejorar la actitud que presentan nuestros estudiantes ante las actividades de la clase.

En segundo lugar:

¿Se puede lograr cambiar las actitudes en los estudiantes?

Sí, porque las actitudes son educables y, por lo tanto, se pueden aprender en el ambiente escolar. Plantearse como objetivo de clase cambiar actitudes negativas hacia las tareas, sus compañeros/as y hacia el profesorado, es lograble poniendo en práctica los tips del primer punto de esta guía.