“Quien tiene siempre ante sus ojos un propósito, hace que todas las cosas le ayuden a conseguirlo.”  (Robert Browning).

La mente los niños y adolescentes es maravillosa. La mayor cuota de inocencia, creatividad, experimentación y disposición neuronal al aprendizaje se da en estas etapas. Es como si no tuvieran límites, pero requieren de estructura.

¿Ha intentado ir de paseo con un niño/a? De seguro que notó que una de las primeras preguntas que le hicieron fue ¿Hacia dónde vamos?,o ¿Para qué vamos allá?. Y esto es bueno, dado que su mente, y la del adulto también, necesita en todo tiempo saber qué hacer, cómo hacerlo, y dónde hacerlo. Si esto no se sabe, entonces comienzan a gestarse dificultades de orientación, comunicación, de sentido de lo que se hace, lo cual es poco recomendable.

Nuestras clases no son la excepción a la regla, debemos declarar y explicitar qué objetivo pretendemos lograr en el aula. Esta simple acción dará un encuadre automático a las acciones que se presentarán a continuación, mientras se logra la experiencia de aprendizaje.

Se entiende en este aspecto, que usted ya ha adquirido la destreza de elaborar un buen objetivo de clase. Si siente que puede mejorarlo, le invitamos a revisar el siguiente artículo. Del mismo modo, es necesario saber con anticipación en qué nivel taxonómico se encuentra su objetivo, para lo cual, recomendamos revisar el siguiente documento descargable.

El objetivo de la clase debe ser presentado de forma clara, precisa y comprensible para todos/as.

A continuación, ofrecemos algunos pasos a seguir en función del objetivo de la clase, y que conviene tener presente en todo tiempo:

  1. Tomar el mismo objetivo que fue planificado previamente.
  2. Declarar, de manera escrita y oral, cuál es el objetivo de la clase.
  3. Asegurarse de que todos/as han comprendido cuál es el propósito de la clase. No debe comenzar su clase si existen dudas al respecto.
  4. Motivar, de diversas maneras, a que los estudiantes se comprometan con el logro del objetivo. Naturalmente, usted como docente, debe mostrarse siempre motivado/a y comprometido/a con su logro.
  5. Idealmente, ese objetivo debe permanecer a la vista de todos/as, durante TODA la clase.
  6. Comprobar, a lo largo de todo el desarrollo de la experiencia educativa, que se va de camino al logro del objetivo inicialmente planteado.

 

Ok, ya declaré el objetivo. Ahora, ¿Qué hago?

Junto con la declaración explícita y clara del objetivo, se recomienda también clarificar cuál va a ser el camino que se seguirá para llegar a lograrlo. Esto es, mencionar, sin especificar, pero con una cuota importante de entusiasmo, las actividades que se desarrollarán en la clase.

Asegúrese de que los estudiantes comprenden que cada actividad, por muy extrañas, o sencillas, o complejas, que parezcan, facilitarán el aprendizaje del o los contenidos programados para la clase.

Los/as estudiantes tienen el derecho a saber cómo será el camino que emprenderán. Importante es en este punto hablar siempre en positivo, es decir:

  • “Este contenido será un desafío para nosotros”, en lugar de “esto será muy difícil”.
  • “Las actividades más sencillas son las que dejan las mejores lecciones”, en lugar de “es tán fácil que hasta un bebé lo haría”, etc. 

Ya lo sabe. Iniciar una clase es una tarea desafiante y sencilla, pero que requiere de bastante motivación y habilidades comunicacionales de parte del/la docente. Ser explícto, claro, breve y concreto en la declaración del objetivo permitirá que con rapidez todos los estudiantes se entusiasmen con lo que viene, y sea más fácil alcanzar el propósito de mejorar los aprendizajes.

¡Manos a la obra!